En 254 cayó el limes de la Germania Superior, y hacia el año 259 se produjo el ingreso de importantes contingentes bárbaros en Bélgica. Entre 268 y 278 el interior de la Galia fue saqueado y algunos grupos llegaron hasta Hispania. Recién hacia el año 278 la frontera fue restablecida por el emperador Probo.[1]
Fue en ese contexto que a finales del siglo III o principios del IV se construyen murallas alrededor de Reims, apoyadas en los cuatro arcos triunfales construidos en el cardo y el decumanus, arcos que así se ven convertidos en puertas de la muralla. De estas se conserva hoy en día la puerta de Marte (porte de Mars o porte Mars), así llamada por encontrarse ubicada cerca de un templo de Marte. Las murallas estaban reforzadas por un talúd de unos 10 metros de ancho, y un foso. La construcción de semejante sistema defensivo requirió el derribo de varios edificios, tanto para abrir espacio como para obtener materiales.[2]
El obispo Nicasio construyó una primera catedral en la primera mitad del siglo V sobre las antiguas termas galo-romanas. Este edificio ya estaba dedicado a la Santa Virgen, y fue donde tuvo lugar en el año 498 el bautismo de Clodoveo I por el obispo Remigio.
Hacia los siglos VI y VII las murallas de la ciudad protegían una superficie de 60 hectáreas.[3]
En 816 Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, eligió Reims para su consagración como emperador. La importancia que esto otorga a la ciudad lleva al arzobispo Ebón (816-835) a iniciar en ese mismo 816 las obras de una nueva catedral para reemplazar el edificio del siglo V. Para la construcción fueron empleadas piedras de las murallas, demostrando la sensación de seguridad que había en la época. Fue continuada por el arzobispo Hincmaro (845-882) y consagrada en 862. Flodoardo la describe como un edificio imponente, con pavimento de mármol, bóvedas pintadas, vidrieras, un frontón adornado con mosaicos y techo de plomo.[4] [5]
Pero los ataques normandos obligan a restaurar las murallas entre los años 883 y 887, para lo cual fueron empleadas también las piedras de una iglesia destruida por los normandos. El recinto fortificado continuaba cubriendo unas 60 hectáreas.[6]