Tours fue una ciudad importante desde la época de los galos, como lugar de pasaje por el Loira. Los galos que habitaban en este sitio se llamaban Turones y fueron ellos quienes dejaron su nombre a la ciudad (Civitas Turonorum).
Ya desde el siglo III, la urbe romana fue un importante foco de la cristiandad, donde se estableció una sede episcopal, con San Gatien como primer obispo.
Una de las personalidades más notables de la ciudad fue Martín de Tours (San Martín). Estando al servicio del ejército romano, compartió su manto con un mendigo. Esta historia, y la importancia de San Martín en la region, hicieron de Tours una ciudad de peregrinación en la Edad Media, así como una de las etapas en el camino hacia Santiago de Compostela.
En el siglo VI, Gregorio de Tours, autor de la Historia de los francos, deja huella en Tours. De esta forma Tours se transforma en la capital del Condado de Tours o la "Touraine". Gregorio menciona la existencia de un conde Leodastis hacia el año 575.[1]
Tours fue capital de Francia bajo Luis XI, quien se instala en el Castillo de los Montils (Cháteau des Montils), actual Castillo del Plessis (Cháteau du Plessis) en La Riche (en la periferia al oeste de Tours). Tours y la región de Touraine permanecen como residencia continua de los reyes de Francia y de su corte. En el Renacimiento se levantan en Tours y en su región varios castillos, reunidos en su mayor parte bajo la denominación genérica de Castillos del Loira (Cháteaux de la Loire).
En la época de Francisco I, la industria de la seda fue introducida en Tours. Hoy en día esta industria ha sobrevivido con gran dificultad.